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"INTELIGENCIA EMOCIONAL" DANIEL GOLEMAN

RESUMEN GENERAL 12VA PARTE

16.- Educación de las emociones

 

El contenido de la ciencia del yo son los sentimientos, los propios y los que aparecen en la vida de relación. El tópico demanda que maestros y alumnos se concentren en la estructura emocional de la vida del niño, un aspecto ignorado en casi todo el resto de las aulas. La estrategia son la utilización de las tenciones y los traumas de la vida de la vida de los niños como temas del día. "El aprendizaje no es un hecho separado de los sentimientos de los niños. Ser un alfabeto emocional es tan importante para el aprendizaje como la instrucción en matemáticas y lectura" Karen Stone McCown.

 

El objetivo común consiste en elevar el nivel de competencia emocional y social del niño como una parte de su educación regular, no solo algo que se le enseña correctivamente.

 

Al repetirse una y otra vez la experiencia, el cerebro reacciona con un reflejo adquirido, reconociéndolo como un camino conocido y fortalecido, con hábitos neurológicos que se aplican en situaciones de dificultad, frustración o dolor; el resultado son seres humanos decentes para nuestro futuro.

 

Un grupo de alumnos se dispusieron a jugar "cuadros cooperativos", se dividieron en tres grupos de trabajo y un grupo conformado por tres eran los observadores, cada uno de ellos tenía diferentes formas de trabajar, el primer equipo termino rápido ya que todos trabajaron unidos, el segundo equipo tardaba mas ya que cada uno de los integrantes trabajo por separado y el ultimo solo había formado uno de los cuadrados así que estaban frustrados, midiendo sus probabilidades y tratando de resolver el cuadro, hasta que uno de los integrantes de otro equipo (Dagan) les dijo como acomodar la última pieza, aliviando su tensión.

 

Rahman que formaba parte del tercer equipo se sintió ofendido cuando Tucker lo coloco en la casilla de "¿Quién interrumpe en el trabajo?", cuando las cosas se ponían mas acaloradas la maestra Varga interfirió y aclaro la situación de controversia, los dos alumnos quedaron en paz por el mal entendido, pero gracias a que la maestra los escucho, asimilo la situación y comprendió como estaba la situación pudo ayudarles a resolverlo con diplomacia.

 

Los alumnos que se percataron del encuentro, asimilaron la situación ya que aprenden a no evitar los conflictos por completo, sino que resolver los desacuerdos y los resentimientos antes de que se conviertan en una pelea encarnizada. El manejo del dominio emocional es difícil ya que las habilidades necesarias son que la gente este menos dispuesta a recibir la información y a aprender nuevos hábitos de respuesta, o sea, cuando estén disgustados.

 

Las cuestiones que los alumnos traen a la clase suministran los ejemplos reales (Ejem. Los chicos grandes me molestan, me critican, mis amigos fuman y quieren que yo también pruebe, etc.) Que tanto los alumnos como los maestros pueden utilizar para aplicar las habilidades que están aprendiendo, tales como el método de solución de conflictos, y la forma de enfriar el acaloramiento surgido entre los dos muchachos.

 

"Cuando enseñamos algo sobre el enojo, ayudamos a los niños a comprender que casi siempre es una reacción secundaria y a buscar lo que subyace en él: "¿estás herido? ¿Celoso?" Es así como nuestros niños aprenden que siempre disponen de diferentes posibilidades para responder a una emoción y que su vida será más rica cuantas más alternativas de respuesta tengan». Karen Stone McCown.

 

Los temas impartidos incluyen la toma de conciencia de uno mismo en el sentido de reconocer los propios sentimientos, elaborar un vocabulario adecuado y conocer la relación existente entre los pensamientos, los sentimientos y las reacciones, considerar las consecuencias de las distintas alternativas posibles y aplicar todo este conocimiento a la toma de decisiones.

 

Una habilidad social es la empatía, comprender los sentimientos de otros y su perspectiva y ser tolerantes, escuchar, etc. La ciencia del Yo no pone calificaciones, la vida misma es el examen final.

 

¿Cómo enseñar las habilidades emocionales en aquellos lugares en los que puede hacer falta con más urgencia, en medio del caos de una escuela pública situada en pleno centro urbano lejos económicamente y socialmente? Como ejemplo esta el Augusta Lewis Troup, de New Haven.

 

En esta escuela la vida es muy dura ya que los que ahí estudian tiene problemas catastróficos dentro y fuera, es un lugar donde habita la pobreza, las drogas la violencia. Por consecuencia los alumnos están en un proceso donde necesitan ser escuchados, comprendidos y ayudados por los maestros para poder superar sus temores y frustraciones. Esto se logra con dinámicas y trabajo grupal.

 

Algunos maestros no quieren dictar otro curso por el tiempo y la conglomeración de temas. Una estrategia alternativa para impartir educación emocional es integrar las clases sobre sentimientos y relaciones personales a otros temas ya enseñados. Las lecciones pueden surgir naturalmente.

 

Las situaciones son el momento oportuno para enseñar a los niños las habilidades que les faltan - control de los impulsos, explicación de los sentimientos, resolución de conflictos -, y que existen formas más adecuadas de impartir disciplina que la coerción.

 

A medida que el niño cambia y crece, sus problemas lo hacen en forma paralela. Las lecciones emocionales deben acompañar el desarrollo del niño, y ser repetidas en las progresivas etapas de crecimiento de forma que se adapten a los cambios de comprensión en el niño, y a los desafíos que debe enfrentar.

 

El horario para el crecimiento emocional esta surcado por líneas conexas del desarrollo, especialmente para el conocimiento, por un lado. Y de maduración biológica y neurológica por el otro.

 

Al tiempo que los psicólogos y otros especialistas en el desarrollo trazan el mapa del crecimiento de las emociones, pueden marcar cuales son las lecciones que deberían recibir los niños en cada etapa del desenvolvimiento de su inteligencia emocional, que déficit serán los que perduren en aquellos que no han logrado el manejo de las aptitudes, y que experiencias correctivas se podrían realizar para compensar lo que falta.

 

Una de las consecuencias de más rápido crecimiento que han tenido estos cursos de alfabetización emocional, ha sido el programa de resolución creativa de conflictos. Este se centra en arreglar diferencias surgidas en la escuela que pueden llegar a convertirse en incidentes violentos.

 

"El programa enseña a los estudiantes que, además de la pasividad y de la agresividad, disponen de muchas otras respuestas alternativas para resolver los conflictos. Nosotros les mostramos la inutilidad de la violencia y la sustituimos por habilidades concretas. Así, los niños aprenden a afirmar sus derechos sin necesidad de recurrir a la violencia. Estas son habilidades útiles que perduran toda la vida, y no sólo para aquéllos que se muestren más proclives a la violencia". Linda Lantieri

 

En la medida en que la vida familiar está dejando ya de ofrecer a un número cada vez mayor de niños un fundamento seguro para la vida, la escuela está convirtiéndose en la única institución de la comunidad en la que pueden corregirse las carencias emocionales y sociales del niño. No quiere decir que la escuela, por sí sola, pueda sustituir a todas las demás instituciones sociales (las cuales se hallan al borde del colapso con demasiada frecuencia).

 

El proceso de alfabetización emocional impone una carga adicional a la escuela, que se ve así obligada a hacerse cargo del fracaso de la familia en su misión socializadora de los niños, una difícil tarea que exige dos cambios esenciales: que los maestros vayan más allá de la misión que tradicionalmente se les ha encomendado y que los miembros de la comunidad se comprometan más con el mundo escolar. Dondequiera que un maestro responda a un estudiante, hay veinte o treinta más que reciben una lección.

 

Una misión ampliada para la escuela

 

Más allá del necesario entrenamiento de los maestros, la alfabetización emocional extiende también las obligaciones de la escuela al convertirla en un agente más manifiesto de la sociedad que también debe cumplir con la función de enseñar a los niños las lecciones esenciales para vivir (recuperando así uno de los papeles tradicionalmente asignados a la educación).

 

Esta función requiere, además del contenido concreto del programa, aprovechar las oportunidades que se presenten dentro y fuera del aula para que los alumnos transformen los momentos de crisis personal en lecciones de competencia emocional, algo que funciona mucho mejor cuando estas lecciones se complementan en el hogar.

 

¿Tiene alguna importancia la alfabetización emocional?

 

"Una cosa es clara: el campo de pruebas de los programas de solución de problemas sociales no es el aula sino la cafetería, las calles y el hogar" Tim Shriver. El hecho de entablar una conversación constructiva con un posible adversario en lugar de enzarzarse en una confrontación inmediata constituye una auténtica victoria.

 

Hay mejora en las vidas de los implicados. Los cursos no cambian a nadie de la noche a la mañana, a medida que los niños van atravesando los distintos cursos, existen mejoras en el clima emocional, en las perspectivas vitales y en el nivel de competencia emocional de quienes reciben este tipo de formación. Algunas de las mejoras son la autoconciencia emocional, el control de las emociones, aprovechamiento productivo de las emociones, empatía y direccionamiento de las relaciones.

 

Para referirse a un conjunto de habilidades representadas por la inteligencia emocional se toman en cuenta el carácter (Según Amitai Etzioni "es el músculo psicológico que requiere la conducta moral") la piedra de toque del carácter es la autodisciplina -la vida virtuosa- que se basa en el autocontrol; otro elemento es la capacidad de motivarse y guiarse uno mismo, ya sea para hacer los deberes, terminar un trabajo o levantarse cada mañana. La capacidad de demorar la gratificación y de controlar y canalizar los impulsos constituye otra habilidad emocional fundamental a la que antiguamente se llamó voluntad.

 

Así, la emoción permanecerá bajo el control de la razón. También hay que ser empáticos y saber escuchar. En este sentido, la alfabetización emocional discurre pareja a la educación del carácter, el desarrollo moral y el civismo.

 

Los adolescentes no son precisamente especialistas en evitar disputas. Una de las razones que explica la carencia de esta habilidad vital fundamental es que hasta el momento la sociedad no se ha preocupado de que cada niño sepa canalizar su cólera ni de que conozca los fundamentos de la resolución positiva de los conflictos, como tampoco nos hemos molestado en enseñarles la empatía, el dominio de los impulsos ni ninguno de los otros elementos fundamentales de la inteligencia emocional.

 

Al dejar que los niños aprendan por su cuenta estas lecciones emocionales, hay riesgo de perder la crucial oportunidad de acomodar estas enseñanzas a cada uno de los pasos de la lenta maduración del cerebro y ayudar así a que los niños desarrollen un repertorio emocional más saludable, evitando problemas a una determinada edad. Y si no es ahora, ¿Cuándo?.

 

(FIN...)

 

 

BIBLIOGRAFIA:

 

"INTELIGENCIA EMOCIONAL" del autor DANIEL GOLEMAN

 

"INTELIGENCIA EMOCIONAL" DANIEL GOLEMAN

RESUMEN GENERAL 11VA PARTE

ALFABETISMO EMOCIONAL

 

15.- EL COSTO DEL ANALFABETISMO EMOCIONAL

 

Los educadores, preocupados desde hace tiempo por los bajos rendimientos de los escolares en matemáticas y lectura, están comenzando a advertir la existencia de una eficiencia diferente y más alarmante: el analfabetismo emocional. Y en tanto se realizan loables esfuerzos para elevar los niveles académicos, esta nueva y conflictiva deficiencia no está contemplada en los programas escolares corrientes.

 

A causa de esta deficiencia los jóvenes  tienden a ser asesinos, violadores, a suicidarse, embarazos no deseados, contraer enfermedades venéreas y a consumir drogas. La causa más común de esta incapacidad entre los adolecentes es la enfermedad mental. Los síntomas de la depresión, en mayor o menor medida, afecta a un tercio de la población adolescente; en el caso de las niñas, la incidencia de la depresión se duplica en la pubertad. La frecuencia de trastornos en la alimentación en niñas adolecentes ha experimentado un aumento vertiginoso.

 

En definitiva, y a menos de que las cosas cambien, el proyecto a largo plazo de que los jóvenes de hoy en día se casen y lleven a adelante una fructífera y estable vida en común, se vuelve más deprimente con cada generación.

 

Los jóvenes, reflejan un desempeño más pobre en los siguientes aspectos:

  • Aislamiento o problemas sociales
  • Problemas de la atención o del pensamiento
  • Delincuencia y agresividad

 

Todo esto implica, incluso para los padres mejor intencionados, la erosión de los incontables, provechosos y pequeños intercambios entre padres e hijos que construyen las aptitudes emocionales.

 

Si las familias dejan de cumplir eficazmente la función de colocar a nuestros niños en condiciones de transitar con seguridad el camino de la vida, ¿Qué vamos a hacer? Un análisis más detenido de los mecanismos que subyacen cada uno de estos problemas concretos nos ayudará a comprender la importancia de las habilidades sociales y emocionales, y arrojará luz sobre las medidas preventivas o correctivas más eficaces para encauzar a los niños en una dirección más adecuada.

 

Los padres de los niños agresivos suelen alternar la indiferencia con los castigos duros y arbitrarios, una pauta que, comprensiblemente, fomenta la paranoia y la agresividad.

 

Pero no todos los niños agresivos son fanfarrones; algunos sólo son marginados sociales que reaccionan desproporcionadamente ante las bromas o ante lo que ellos interpretan como una ofensa o una injusticia. Todos, sin embargo, comparten el mismo error de percepción que les lleva a ver burlas donde no las hay, a imaginar que sus compañeros son más hostiles de lo que en realidad son, a tergiversar los actos más inocentes como si fueran verdaderas amenazas y a responder, con demasiada frecuencia, de manera agresiva, un comportamiento que no hace sino mantener a sus compañeros más alejados todavía. Los niños irascibles y solitarios son sumamente sensibles a las injusticias y, en consecuencia, suelen considerarse víctimas inocentes que nunca olvidan las múltiples ocasiones en que han sido reprendidos - Injustamente.

 

Los niños desproporcionadamente agresivos, ya que suelen actuar basándose en creencias de supuesta hostilidad o amenaza, y prestan muy poca atención a lo que realmente están ocurriendo. El hecho es que, una vez asumida la existencia de una amenaza, se lanzan inmediatamente a la acción.

 

Mientras otros aprenden a negociar y pactar para dirimir las disputas que aparecen en el patio de recreo, los chicos indisciplinados siguen confiando en la fuerza bruta, una conducta que, sin embargo, tiene un elevado coste social.

 

No hay un único camino que conduzca a la delincuencia y a la violencia. En este sentido hay que tener en cuenta otros factores de riesgo, como el hecho de vivir en un barrio con un alto grado de delincuencia -en el que los niños se hallen expuestos a la invitación constante al delito y a la violencia-, crecer en una familia con un elevado grado de estrés o malvivir en condiciones de extrema pobreza.

 

Una investigación realizada sobre jóvenes convictos de delitos violentos y estudiantes de instituto especialmente agresivos demostró que ambos grupos comparten las mismas tendencias mentales. Son personas que, cuando tienen problemas con alguien, tienden automáticamente a considerarlo como un adversario y extraen conclusiones precipitadas sobre su hostilidad sin recabar más información ni buscar formas más pacíficas de dirimir sus diferencias.

 

Una de las habilidades clave que se les enseñaba para dominar el enfado consistía en prestar atención a sus propias sensaciones, haciéndoles tomar conciencia, por ejemplo, del rubor o de la tensión muscular -que acompañan al enfado- y considerarlas como una señal de alarma que les indica cuándo deben detenerse a considerar el siguiente paso que dar en lugar de comenzar a repartir golpes a diestro y siniestro.

 

Los problemas de relación -tanto con los padres como con los compañeros- constituyen el detonante más frecuente de la depresión entre los adolescentes. Los niños y los adolescentes deprimidos se muestran remisos o incapaces de hablar de su depresión, no suelen ser muy diestros para etiquetar adecuadamente sus sentimientos y tienden a ser irritables, impacientes, caprichosos y malhumorados especialmente con sus padres, lo cual constituye una dificultad añadida a la hora de que éstos les brinden la guía y el soporte emocional que el niño deprimido tanto necesita, iniciando así un círculo vicioso que suele originar toda clase de disputas.

Una observación minuciosa de las causas de la depresión juvenil señala la presencia de serias deficiencias en dos competencias emocionales fundamentales: la capacidad de relacionarse y la forma de interpretar los reveses y contratiempos de la vida.

 

La suspicacia y la tristeza que sienten estos niños les hace rehuir los contactos sociales o mirar hacia otro lado cuando alguien trata de establecer contacto con ellos, un signo que suele interpretarse como rechazo. El resultado final es que los niños deprimidos terminan siendo ignorados o rechazados. Este tipo de carencia en su bagaje interpersonal les impide sacar partido del aprendizaje natural que se produce en medio de la bulliciosa actividad del patio de recreo y así suelen acabar arrastrando un lastre emocional y social del que deberán desprenderse cuando salgan de la depresión.

 

Otro precio que deben pagar estos niños por su depresión es el pobre rendimiento escolar. La depresión dificulta la memoria y la concentración, impidiéndoles prestar atención y asimilar lo que se les enseña.

 

(CONTINUARA...)

 

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